Roxana (27, Miraflores).- Una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida fue conocer a Jaime, a quien considero mi mejor amigo, pues gracias a su incondicional apoyo logré superar los distintos problemas que me aquejaron en mi adolescencia y parte de mi juventud.
Nos conocimos en el barrio cuando ambos teníamos quince años. Poco a poco nos volvimos inseparables, tanto así que la mayoría de nuestros familiares pensaba que éramos pareja, aunque la verdad sólo nos unía una fuerte amistad. Una amistad que perduró intacta a pesar del paso de los años. Cuando tenía algún problema con mi pareja de turno siempre acudía a Jaime, quien nunca se negó a escucharme y a darme su consejo. Lo mismo pasaba con él, pues siempre recurría a mí cuando su media naranja le armaba la bronca. Por motivos laborales nos dejamos de ver unos meses, ya que Jaime tuvo que viajar a Ecuador, aunque al retornar a Lima lo primero que hizo fue invitarme a salir a bailar, lo cual acepté gustosa y porque además no estaba con nadie: había terminado con mi enamorado.
Durante la fiesta me di cuenta de que Jaime ya no era el mismo, estaba más atento y me sacaba a bailar canciones románticas que antes él detestaba. Su nueva actitud me tomó por sorpresa, pero nada de eso podría compararse con lo que pasó horas despúes en la puerta de mi casa. A la hora de despedirse me tomó de la mano y me confesó que me amaba desde hace varios años. Yo me quedé helada, pero pude decirle que estaba loco y que yo lo quiero mucho como amigo. Jaime insistió, me dijo que él deseaba algo más que una amistad e intentó besarme.
Yo no lo permití y se despidió con un simple beso y algo triste. Desde esa fecha no lo he vuelto a ver, no sé nada de él y esto me tiene muy preocupada.
Consejo:
Tu problema no es tan complicado. Deberías buscarlo o llamarlo si aún lo consideras tu amigo. Habla con él de lo que te ha dicho, puede que esté confundido. Y si sus sentimientos son reales, tu corazón podría abrirle sus puertas. Quizás estén hechos